Artículo realizado por Gonzalo Cámara.
No tengo claro como fue para otros, si fueron las formas, los colores, las ruedas o ese ligero antropomorfismo que hemos querido aplicarles, pero a mi me llamaba especialmente ese bamboleo de las suspensiones, esa transferencia de pesos que, sin saber en aquel momento a que se debía, hacía que el morro oscilara arriba y abajo. Así comenzaba mi pasión por los coches. Digo coches, no mecánica, porque también me sedujeron esos otros aspectos a los que aludía, pero en mucho menor medida. Y como la mejor aproximación que puede tener un crio es una carrocería metálica o de plástico, pues no quedaba otra que disfrutar de la estética.
Avanzando en el tiempo uno tiende a ocuparse de otras aficiones y los coches se convirtieron en algo marginal. En esa marginalidad entraban cosas como F1 de Domark, Out Runners, Sega Rally 2, Gran Turismo y otras bastas aproximaciones. Nunca pensé que hubiera nada mas. Te lo crees de tal manera que, un coche se condujera con volante y marchas manuales parecía hasta irreal. Bendita manera de complicarlo todo.
No se muy bien como ni porque, pero indagué hasta llegar a saber que Rfactor existía, que lo acababan de lanzar y que jugarlo con mando resultaba imposible, era un simulador, o eso decían. A mi me seguía pareciendo un juego como otro cualquiera salvo por el insignificante hecho del multiplayer. Eso lo cambió todo.
Conducir con un Logitech de 25 euros era cualquier cosa menos conducir, pero correr contra otros grillados en carreras cortas mas propias de BenHur con un tinglado que bailaba en la alegalidad me parecía lo más. Me hice con una licencia de Live For Speed y casi sin darme cuenta me compre un G25 quemando parte de uno de mis primeros sueldos. Las bases estaban edificadas.
Y no lo decía por mi, ya que aquello seguía careciendo de estadísticas o estructuras en las que pudieras sentir y medir tu progreso, pero todo lo demás ya estaba. Desencantado con el caos, aparque mi G25 y me fui a conocer el mundo.
A mi vuelta me enteré de que aquel proyecto conocido como F.I.R.S.T. había florecido en algo ultra elitista llamado iRacing. Una aberración hecha juego que funcionaba con una suscripción anual y que cobraba por contenido. Le puse 200 velas negras. Meses más tarde, tras quemar mi cuota de inutilidad en LFS le dí una oportunidad. Han pasado 5 años y somos una pareja muy feliz.
Gracias a iRacing, a sus contemporáneos, y a todos los que no he nombrado ha sido posible simular una actividad con la que mucha gente desespera y disfruta a partes iguales. Es, tecnológicamente, la actividad que podemos simular con mayor verosimilitud, ya que se realiza en un entorno cerrado, sentado y con unos inputs cada vez mejor replicados.
La importancia de los simuladores queda fuera de toda duda en cualquier nivel y disciplina. Aquí se han usado desde el principio proporcionando esa retroalimentación necesaria entre comunidad y profesionales, hoy ya entremezclados. Su disponibilidad y uso son ampliamente apreciados por equipos y profesionales y permiten testear muchos de los cálculos teóricos antes del dar el paso definitivo a pista.
Es difícil tener que explicar un hobby cuya referencia mas próxima para muchos es ver el monoplaza de Alonso desde 200 metros con un teleobjetivo. Ni la cercana cámara onboard se parece remotamente a las sensaciones de una carrera virtual, no digamos ya real. El nivel de tensión, concentración, esfuerzo físico, atención, coordinación y precisión, hace que la adrenalina fluya libremente al conseguir cada uno de los pequeños y medianos objetivos. Ese adelantamiento limpio, esa vuelta rodando en paralelo, el contravolante que te permite salvar el trompo o ese décimo puesto cuando estas rodeado de los mejores pilotos virtuales del resto del mundo son sensaciones sólo al alcance de otras experiencias «reales».
El próximo salto a la realidad virtual, los nuevos volantes, los pedales, los cambios, el fotorrealismo, los modelos matemáticos y físicos, el escaneado láser, la fotogrametría, los bass shakers, las estructuras con movimiento… son cada vez más accesibles, facilitándonos esas sensaciones tan caras de conseguir en un circuito. Aún nos quedará la inercia o la intensidad de las fuerzas físicas y climatológicas como pendientes, pero ya estamos más cerca. Se aproximan días felices, disfrutémoslos.
No comments yet.